Nadie te recordará cuando te vayas; a menos que…

Nadie te recordará cuando te vayas; a menos que…


Cada uno de nosotros somos el promedio de las personas con las que pasamos el rato y de las experiencias que elegimos… ¡Sal del promedio ahora!

Cuando estudiaba en la universidad leí uno de los mejores libros para mercadólogos y publicistas que pueden hallar: Las formas ocultas de la propaganda, de Vance Packard. El libro hace referencia a la época dorada de los Mad Men, detallando los estudios a profundidad que las agencias realizaban para conocer los miedos y emociones de la gente, a fin de producir anuncios que detonaran comportamientos.

Uno de los miedos que más recuerdo era aquel que señalaba que la gente no tiene miedo de morir sino de ser olvidada, de que nadie recuerde su paso por el mundo, de no dejar un legado. Me pareció muy atinado porque me recuerda ese dicho común de “…la gente muere cuando ya no hay nadie que la recuerde”.

¿Por qué te cuento esto? Porque hace algunos días me topé con un par de textos en el blog del genio Seth Godin, referentes a nuestras ocupaciones diarias como mercadólogos o cualquier otra profesión a la que nos dediquemos. Ocupaciones que simplemente se llevan nuestra vida sin permitirnos dejar un legado. Ocupaciones que literalmente… nos asesinan.

La diferencia entre ocupación y trabajo

¿Te ha pasado que digas…“Estoy tan ocupado haciendo mis tareas, que no logro concretar ningún trabajo relevante”?

De acuerdo con Seth Godin, tus ocupaciones son un artefacto histórico. Una lista de tareas, procedimientos, responsabilidades, pendientes, reuniones, que se acomodan en tu día, día tras día, año tras año.

Todas estas ocupaciones son un gran lugar para esconderte, porque, después de todo, si estás haciendo tus tareas ¿cómo puedes fallar? ¿cómo meterte en problemas? ¿cómo cometer un gigantesco error?

El trabajo, por el contrario, es eso que haces que crea valor. Ese valor que tú creas, lo que haces como nadie más puede hacer. Es la verdadera razón por la que necesitamos que estés aquí con nosotros.

Cuando descubras que tus ocupaciones están estorbando tu trabajo, debes considerar en cambiar lo suficiente para que puedas volver a crear valor. Cualquier cosa menos que eso, es esconderse, asegura Godin.

Tú tienes la obligación de aumentar el promedio

Siguiendo con la línea de pensamiento anterior, las grandes organizaciones están llenas de personas que buscan reclutar personas promedio… “gente como nosotros”. La lógica es que si alguien es demasiado bueno podría no aceptar el trabajo, podría frustrarse, podría ser un elemento apartado, para bien o para mal. En ese sentido seguro has escuchado comentarios como “es tan bueno que asusta”.

Acercarse a este tipo de personas por arriba del promedio, contratarlas, requiere valor.

Hace falta valor para que un miembro del grupo trate de convencer a gente más apasionada, más hábil o más inteligente a unírsele, debido a que al elevar el promedio, también se exponen ellos mismos y se enfrentan al hecho de que no son tan buenos como creían ser.

¿Qué tal si llevamos esto un poco más lejos? ¿Qué pasa si leemos un libro el cual no estamos muy seguros de entender, o si esquiamos por una pendiente que es demasiado difícil o si nos registramos en un proyecto que no estamos seguros de poder hacer fácilmente?

¿Qué pasa si vamos a una escuela o un trabajo donde creemos que todo el mundo es más inteligente que nosotros?

Cada uno de nosotros somos el promedio de las personas con las que pasamos el rato y de las experiencias que elegimos.

La mejor manera de sentirse seguro… pero también ser un mediocre… es a través de ser una persona ocupada, con pequeños compromisos, con gente promedio. Sea cual sea la organización en la que laboras, la gente con la que te rodeas y tu rutina diaria, sal ahora de tu zona de confort; ¡Inspira! tú tienes la obligación de aumentar el promedio.

 

Deja un comentario

comment-avatar

*