El media kit que miente sin que nadie se dé cuenta - Luis Maram

El media kit que miente sin que nadie se dé cuenta

como editar un PDF
Escrito por Colaboraciones

Hay un tipo de error de reputación que casi nunca se discute en los libros de marketing de marca, porque no ocurre en una campaña ni en redes sociales: ocurre en el documento más aburrido y menos revisado del kit de comunicación de una marca, el media kit o dossier de prensa. Una cifra de seguidores que ya no corresponde, un logo de un cliente que dejó de trabajar con la marca hace dos años, una sección de «próximos proyectos» que sigue mencionando algo que ya se lanzó hace tiempo. Nadie lo hizo a propósito, pero el efecto es el mismo que si hubiera sido deliberado: quien lo recibe —un periodista, un posible socio, un inversionista— empieza la relación con una marca que, sin quererlo, ya le mintió un poco.

El problema no es la mentira, es el descuido

Es una distinción que vale la pena hacer con cuidado. Nadie construye un media kit con la intención de engañar a nadie. El problema es que se trata como una pieza terminada —algo que se diseña una vez, con calma y buen presupuesto, y luego se archiva— cuando en realidad es uno de los pocos documentos de marca que necesita actualizarse con la misma frecuencia que cambian los datos que contiene. Una marca que actualiza su feed de Instagram cada día pero deja su dossier de prensa intacto durante dos años está, sin proponérselo, comunicando dos velocidades distintas de la misma marca.

Y esto pesa especialmente en un momento donde cualquier receptor un poco atento —un periodista, sobre todo— puede verificar en segundos una cifra o una alianza que ya no es cierta. La discrepancia entre lo que dice el documento y lo que muestra una búsqueda rápida no pasa desapercibida; erosiona exactamente la credibilidad que el documento existe para construir.

Por qué esto se descuida tanto

La razón es bastante prosaica: actualizar un PDF de diseño suele exigir volver al archivo original, a veces perdido, a veces en manos de quien ya no trabaja en la agencia que lo hizo, editado en un software que nadie en el equipo actual domina. Frente a esa fricción, la opción más cómoda es dejarlo como está y esperar que nadie lo note demasiado. Reducir esa fricción —tener una forma sencilla de editar PDF sin depender del archivo fuente original ni de un software especializado— no resuelve el problema de fondo, que es de disciplina editorial, pero sí elimina la excusa técnica más común para no actualizarlo a tiempo.

Lo que sí requiere criterio, no herramienta

Ninguna facilidad técnica resuelve la pregunta más importante, que es editorial: qué merece seguir apareciendo en el media kit y qué ya no representa a la marca tal como es hoy. Esa auditoría periódica —revisar cifras, alianzas, logros mencionados— es trabajo de quien conoce la marca a fondo, no algo que se automatice. Lo que cambia es que, una vez decidido qué actualizar, hacerlo deja de ser la tarea que se posterga trimestre tras trimestre por pura fricción técnica.

Una pregunta simple antes de enviar el próximo

La próxima vez que alguien en el equipo esté a punto de enviar el media kit a un periodista o un posible socio, vale la pena una pregunta incómoda pero rápida: si esa persona verificara cada dato en los próximos cinco minutos, ¿seguiría sosteniéndose todo lo que dice el documento? Si la respuesta genera aunque sea una duda, probablemente ya es momento de abrirlo y actualizarlo, antes de que sea otra persona quien note la discrepancia primero.

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